En memoria con amor
Andreas Nitschmann
Opa Guvna · Amigo, Deportista, Actor & Espiritu Libre
Berlin · Londres · Ibiza
29 de julio de 1967 · 10 de octubre de 2009
17º Aniversario
60º Cumpleaños
LA ANDREIDA
Un canto a Andreas Nitschmann, llamado Opa, Guvna, Andy y N-Mann
- el Rey del baile ibicenco, de corazón de león -
INVOCACIÓN
Canta, oh Musa, al hombre de corazón de león, que partió de Berlín a vagar por los mares, Andreas, el de muchos nombres - Opa para uno, para otro Guvna, y Andy para los amigos, N-Mann para los más cercanos compañeros -, que llenó el escenario del mundo con una luz toda suya. Mucho soportó, y mucho regaló, sin guardarse nada; viajó con sandalias y su cafetera, las zapatillas al lado, pobre en oro y sin embargo más rico que todos los que solo lo atesoraron. Cuenta ahora, oh diosa, dondequiera que estés, el comienzo del camino.
CANTO PRIMERO - EL NACIMIENTO Y EL NIÑO
(en el día de julio, el vigésimo noveno)
Cuando ardía el pleno verano, en el año en que el sol dura más, vino al mundo, y la tierra se hizo un poco más clara por una luz. Bärbel la madre, y Alfred el padre, recibieron al niño no como posesión que se retiene, sino como luz que se transmite. Nunca lo encerraron, nunca pusieron límites al soñador - "Ve por el camino que es tuyo, estaremos a tu lado": esto, su obra de amor, lo hizo libre para la anchura del mundo. Cuando aún era un niño, de trece o catorce veranos, sus padres fueron al sur, en coche, a España, el país lejano, y en el viaje, a plena y jubilosa voz, cantaron: "¡Y Viva España!" - y Heiko, el amigo de los días de la infancia, cantó entonces por primera vez feliz y alto al aire abierto. "Nunca lo olvidaré", dice todavía hoy, y sonríe. Ya sabía el cielo: este niño ganará los corazones de todos.
CANTO SEGUNDO - EL TATAMI Y EL RING
(la fuerza y la paz)
Pronto halló su camino sobre el tatami, dentro del ring; el Budokan lo acogió en Braunschweig, el Boxtempel de Berlín lo templó, Strikezone en Dortmund - en el karate y en el boxeo buscaba no solo la fuerza del brazo, sino la quietud que crece por dentro: disciplina y respeto por el otro, la paz que viene de la entrega. Durante horas corría, y su poderoso corazón latía sereno, pues en la zona, así la llamaba él mismo, su alma hallaba su puerto. Fuerte era el hombre, de cuerpo y de mente, así lo atestiguan los suyos, pero en el pecho del poderoso latía un corazón que era de oro. Dave, el compañero de Londres, recuerda sonriendo su vanidad: cómo modeló y admiró su propio cuerpo toda la vida - "esperamos que haya espejos, allí donde ahora está", dijo.
CANTO TERCERO - LA PARTIDA HACIA LA ISLA
(en el verano del noventa y tres)
Tom, el fiel, aún recuerda la partida: desde Braunschweig, a toda marcha, tomaron el tren a Berlín, una última y rugiente fiesta, antes de que desde allí volara a los cielos, a la isla reluciente. Pues Ibiza lo llamaba, la isla del sol, en verano: Punta Arabí, el club, donde dio forma a la piscina y al juego y al deporte con alegría para los huéspedes, animador junto al agua. Adicto a correr y a entrenar - la noche pudo ser interminable; a las diez de la mañana ya corría diez millas, los huéspedes tras él. Aquí, bajo el sol ardiente, descubrió lo que lo definiría: por las noches, sobre el escenario azul de la noche, floreció su talento en el juego - Frank N. Furter en el Rocky Horror, tres veranos seguidos, luego como la Muerte en Elisabeth, poderoso, y al fin como el Posadero en el gran Les Misérables. Así se encendió la chispa que, solo años después, lo llevaría a los escenarios de Berlín. Amigos para toda la vida ganó entre aquellos colegas de la isla, dispersos por todo el planeta - jamás se rompió el lazo.
CANTO CUARTO - LA VERDADERA IBIZA
(el primer invierno, y lo que quedó)
Se quedó el primero de los inviernos, al despuntar el noventa y cuatro, vivió con Susana, la fiel, en una pequeña casa cerca de San Carlos - aquella que durante muchos de los años se volvió su verdadero hogar. Poco poseía, pero nunca necesitó mucho para vivir, el libre. Enfrente la taberna, Can Curreu, ibicenca y verdadera, se volvió su bar de siempre; y Juan, el dueño, se hizo su amigo a través de los años, incontables los cafés con leche, los bocadillos, los frescos. Pero también la rugiente fiesta nocturna de la isla, eso también lo amaba de corazón, bailaba las noches enteras, mejor que nada alzado sobre el podio, abierto y amable con todos - y todos, lo amaban a él.
CANTO QUINTO - A TRAVÉS DE LOS MARES
(los viajes a orillas lejanas)
Más lejos aún lo llevó el camino, afuera a la anchura del mundo: Tenerife, el invierno siguiente, con Jens y con Achim, los compañeros de Punta. Pero la mayor de las aventuras, en el invierno en Costa Rica: jefe se volvió sobre el trabajo del día, sobre el escenario de la tarde, coronó como jefe de animación la ronda de los días jubilosos, eligió a la "Miss Costa Rica" y saltó - todo Andy, el audaz - desde cinco mil metros de altura con el paracaídas por el aire. Incluso al famoso Bud Spencer, el gigante de la pantalla, lo conoció. En el noventa y seis, de vuelta en la isla, se hizo jefe de día en Punta, en el noventa y siete, en el Delfin, el club hermano, jefe de todos los juegos, abierto a huéspedes de toda edad y todo país. A Monica encontró, la italiana, allí, su amada de aquellos días, con quien el invierno siguiente pasó en la tierra italiana.
CANTO SEXTO - TIERRA BAJO LOS PIES
(los años de las manos)
Pero tampoco el trabajo penoso amedrentó al león en absoluto: desde el noventa y nueve hasta el año en que el nuevo milenio ya era viejo, se afanó duro en la obra, "el chico para todo", y acarreó piedra y paleó arena, en el aire fresco y salado. Ningún coche lo llevaba: veinticinco de las millas cada mañana cabalgaba por su propia fuerza en la bicicleta al trabajo pesado, diez de las horas en el polvo, y por la tarde el mismo trecho de vuelta. Así su español se hizo verdadero al fin, y los ibicencos, lo amaban. Cuando la dureza empezó a ir demasiado a su sustancia, llevó la bandeja como camarero en el Quatro Pinos del paseo, Santa Eulalia, junto al mar - también allí pronto querido y estimado.
CANTO SÉPTIMO - BERLÍN, EL GRAN SUEÑO
(la más audaz de las decisiones)
Cuando noviembre del año dos mil dos se extendió sobre Ibiza, tomó, audaz como nunca antes, la más audaz de todas las decisiones: ¡a Berlín! A hacer realidad lo que más profundamente anhelaba - actor quería llegar a ser. Y duro, oh qué duro lo ganó: horas de interpretación y de voz, de canto, y de actuación ante la cámara, todo pagado con las manos que nunca desearon descansar. A turistas, los alemanes, los ingleses, los españoles, les mostró a pie o en bicicleta la famosa ciudad - y mezcló las bebidas en el bar de sus amigos, Mario y Olli, que una vez en el noventa y seis habían trabajado con él en Punta - así se cerró el círculo. Alto era su arte con el huésped: el maestro cocinero Franz Radeberger lo llamaba a las más festivas ocasiones, y así, uno apenas lo cree, sirvió una vez a Angela Merkel, y también a Giscard d'Estaing, el otrora gobernante presidente francés, el vino en la recepción, y sirvió en las embajadas austriaca y suiza. Pero sobre todo en el Avril, el café de moda en Kreuzberg, entre colegas de todo el mundo - este pasar entre mundos, lo atraía. Modesta su vida: Prenzlauer Berg, una vivienda, solo pequeña, con vistas al viejo planetario, sin coche, ahorrando en todo, para que solo las costosas clases siguieran siendo posibles, el sueño. Diario el entrenamiento del cuerpo; y por años ya estaba en las filas de una escuela de kickboxing, y últimamente velaba por la juventud y estaba - ¡tan cerca! - ante la licencia que lo coronaría entrenador. Pierre fue, el maestro y amigo, quien le dio esto tan ricamente.
CANTO OCTAVO - LA PANTALLA Y EL ESCENARIO
(cuando el esfuerzo se recompensó)
Y ricamente se recompensó el esfuerzo: desde el dos mil tres hasta el siete estuvo ante la cámara en marcha, papel tras papel - un soldado en K7B, luego el gángster en Killerbus, un padre en Abriss, un comisario en el caso de Farid. Dos mil ocho, el gran salto: en Criminal Hearts, la comedia negra y llena de ingenio, de Jane Martin, dio al Robbie, Berlín y la imperial Viena lo vieron, por los Society Players, aquella compañía de actores que él mismo ayudó a fundar. Así lo había logrado, el perseverante: era, en serio, un actor ya. Y en el verano del noveno de los años, aún dio fruto: Post Scriptum, el cortometraje, con la Escuela de Cine de Berlín, estrenado en el gran cine, el CineMaX. Aún regresaba a casa, a la isla, a vacaciones y a amigos - jamás se rompió el lazo con Ibiza, la segunda de sus patrias.
CANTO NOVENO - LAS VOCES DE QUIENES LO AMARON
Oye ahora, caminante, las voces de los muchos que lo amaron, pues quien habla de Andreas no habla de nada sino de amor. Svetlana lo llamó su corazón de león, su "amado", y dijo que vive en ella ahora "como el eterno sonido dorado". Kirstin, la amiga de la isla, recuerda su ardiente empuje: apenas había soñado con algo nuevo, y uno quería dejarlo todo e ir con él. "Siempre te lanzabas sin más", le grita, y: "Hasta el más diminuto sueño deberías tocarlo con una chispa de tu locura y dejarlo volar al reino de lo real". Steffi, la amiga de Ibiza, le escribió el amor en versos: "Siempre tan bueno era tu ánimo, siempre positivo, la mirada al frente. Cada obstáculo lo tomaste, y tus sueños, los viviste." Y: "Tu rostro riente está ante mis ojos, cada vez que pienso en ti." Susana, que una vez compartió la casa con él, recuerda a un amigo, tan fiel como rara vez ha dado la tierra, decidido, y sencillo con ello; y los pequeños, los amorosos gestos: cómo limpió hasta la casa entera, para que los nuevos cachorros - Coffee y Frida de nombre - recibieran un hogar limpio. "Un corazón de león eras", escribe. "Gracias, por haber caminado un trecho del camino a mi lado." - Y Arno halló palabras que lo abarcan entero: "Tu libertad, la fuerza, y el amor, y también la compasión, tu altruismo, tu humor, la humanidad, el don del entusiasmo, el valor para la vida, la clara mirada": "Les contaré a mis hijos de ti, para que de tu naturaleza algo hereden." James, el compañero de la isla, lo dice del modo más simple: "Nunca conocí a alguien tan libre emocionalmente, tan abierto, sin el más mínimo prejuicio - a todos amó, y todos lo amaron." Ursel, que rara vez lo vio, pero cada encuentro quedó con ella: "Rara vez una persona tan abierta, que llevaba la risa a cada sala." Y cuando supo que había entrado en la luz, al instante vio su risa ante sí y los largos, los flotantes rizos, halló poco después, en un sobre amarillento marcado "Ibiza y Barcelona, dos mil", una foto creída perdida hacía tiempo. Claus, cuyo lazo nunca se rompió: "Mi recuerdo es para mí el hilo, invisible, pero inseparable - desde los noventa hasta la eternidad." Petra, sostenida hasta hoy por su irradiación, la luminosa; Denis, que dio gracias: "Estuviste ahí para mí." - y Tanya, la tierna, que lo sintió como un hermano, lo amó como su "hermano mayor": "¡Diversión, oh cuánta! Al ancho mundo te fuiste, con maneras abiertas y una fuerza increíble atrajiste a la gente. Duerme bien, hermano mayor - with all my love." - Así se despidió. Dave, muy simple: "Normalmente vienes a mi mente una o dos veces al día. Hoy has estado ahí el día entero." - Y de Ibiza, del cosmos, vino quizá el más hermoso de los nombres: "Su alegría de vivir, su pasión por el baile, el gran corazón lleno de amor, lo hacen una leyenda. ¡Viva el Rey del baile ibicenco!" Heiko, el amigo de la infancia; y Tom, que recordó la partida; Mario, Olli, Jens y Achim, los hermanos de los años; Juan tras la barra, y todos los que jamás lo olvidarán - gente, dispersa por tierras y mares, lo llaman su amigo aún hoy, y hablan de él como si nunca se hubiera ido.
CANTO DÉCIMO - LA LUZ MÁS CLARA
(cuando los dioses decidieron)
Pero llegó, como debe llegar sobre todos los mortales, que los inmortales de arriba decidieron volver el hilo. Octubre, el día diez, en el noveno de los años: entonces la luz se volvió a otra forma, y entró en una luz más clara. No solo recorrió el último de los caminos el de corazón de león: de regreso de Dortmund conducía, tras un seminario de altas artes - Remy Bonjasky, el triple maestro del K-1, estaba allí, "Flying Gentleman" lo llamaban, y luchadores de las tierras alemana, francesa, neerlandesa, vinieron a la obra de la más alta clase. Pierre a su lado, Konz, el maestro y amigo, él mismo un luchador en cuerpo y alma, a quien Andy tanto debía - juntos regresaban de uno de los lugares de la fuerza y de la pasión, de aquello que ambos tanto, tan infinitamente amaban en la vida. Dos de los compañeros, unidos en la vida como ahora en la luz. Christoph, el amigo, dijo el deseo que está sobre todo ello: "Buen viaje a los dos, a ti, Andy, y a Pierre, al mundo que ahora descubrís juntos." - Así siguieron adelante. Semra cantó en la iglesia por él, desde Berlín su voz, llevó a todos el dolor y el amor de los muchos que vinieron; y juntos oyeron y sintieron los sonidos del Cosmic Baby, aquella canción que convirtió su partida, pura, en consuelo. Angela, Arno dieron testimonio: tantos, tantos, vinieron, la familia, los viejos compañeros, todos los compañeros del camino, que hasta a él, el elocuente, le habría quitado el habla. "Una mirada atrás a horas, grandes y salvajes y hermosas, contigo, en Ibiza, Berlín y Braunschweig - vives en nuestros corazones, sigues siendo por siempre nuestro Andy." - Así, entre lágrimas, hablaron los amigos.
CANTO UNDÉCIMO - EL AGRADECIMIENTO A LOS PADRES
(para Bärbel y Alfred)
Y al fin, oh los que escucháis, volved la mirada a los dos a quienes todo se lo debemos: a Bärbel, la madre, y a Alfred. Pues fue vuestra obra - vuestra obra de nada sino de amor. Disteis a luz al hombre, lo amasteis y lo sostuvisteis, y luego, tan infinitamente generosos, lo compartisteis con todos nosotros. Nunca lo encerrasteis, nunca le pusisteis la barrera, le dejasteis cada uno de los sueños; este vuestro "Ve por el camino que es tuyo, estamos contigo" - lo hizo lo que fue y llegó a ser: animador, actor, luchador, espíritu libre, e hijo, y hermano, y compañero, y amigo. Porque creísteis en él, cuando él mismo aún buscaba y preguntaba, hizo realidad los sueños. Fue vuestra obra de amor. Ningún consuelo hay, bien lo sabemos, para un corazón de padres, ninguna palabra para este, el permanente, vacío. Pero muy quedo, oh ponedlo en vuestros corazones: él sigue viviendo - sigue en cada uno de nosotros a quien su luz una vez tocó, sigue en cada historia que nos contamos, sigue en cada una de las puestas de sol de Ibiza. No se ha ido de verdad. Pues nadie a quien tanto se ha amado está jamás del todo lejos. Solo ha entrado en una luz más clara, mira desde allí arriba, con ese guiño que solo él tenía. Gracias, querida Bärbel, gracias, querido Alfred: por haber hecho a Andy el que fue; por haberlo soltado, para que pudiera volar; por haberlo compartido con nosotros. Qué fortuna, caminar un trecho de su camino.
CODA
Así pues, Andreas - Opa, Guvna, Andy y N-Mann -, Rey del baile de corazón de león, tú amigo de todos los amigos: lloramos, sí, y sonreímos, y ambas cosas van ahora de la mano - lloramos, porque te adelantaste; y sonreímos, porque una vez fuiste. Cuando el anhelo nos alcanza, miramos alto al cielo, donde tus rizos flotan ahora en un tiempo más hermoso, y esperamos que haya espejos allí arriba, en el lugar más claro, para que veas cuánto, oh cuánto se te ama todavía. Fácil eras, Andy, de amar. Fuiste, y sigues siendo para nosotros, el Opa. ¡Viva el Rey del baile ibicenco! Para siempre. Para siempre. Y cuando el viento sopla desde la isla, entonces oimos, quedo, te oimos decir, con aquel guiño inconfundible: "¿Sabes, entiendes, lo que quiero decir?" - Sí, Andy. Lo sabemos. Lo sentimos.
- Cantado con amor por todos los que lo conocieron:
desde Ibiza, Berlín, Londres, Braunschweig y desde el ancho mundo entero.